Una idea que empezó sola
Laynecristal nació en una conversación con una amiga. Les mostraba a mis amigas vestidos que había visto en SHEIN, se enamoraban de la mitad y siempre decían lo mismo: “Pero, ¿cómo llega eso aquí?”. Esa pregunta me dio vueltas en la cabeza durante semanas.
Empecé haciendo pedidos pequeños para mí y para algunas amigas. Un mes me llegaron 5 paquetes. Al siguiente, 17. Lo que comenzó como un favor entre conocidas, se convirtió en una boutique que hoy acompaña a más de 100 clientas en todo el país.
No vendo prendas. Vendo la posibilidad de vestir lo que sueñas, sin trámites, sin frustraciones, sin esperas eternas. Y lo hago con el mismo cuidado con el que elijo mis propios productos.
