Una idea entre dos amigas
Laynecristal nació en una conversación de WhatsApp, en plena cuarentena. Yo le mostraba a Cristal vestidos que había visto en SHEIN, ella se enamoraba de la mitad y siempre decía lo mismo: “Pero, ¿cómo llega eso aquí?”. Esa pregunta nos dio vueltas en la cabeza durante semanas.
Empezamos haciendo pedidos pequeños para nosotras y para algunas amigas. Un mes nos llegaron 6 cajas. Al siguiente, 17. Lo que comenzó como un favor entre conocidas, se convirtió en una boutique que hoy acompaña a más de 500 clientas en todo el país.
No vendemos prendas. Vendemos la posibilidad de vestir lo que sueñas, sin trámites, sin frustraciones, sin esperas eternas. Y lo hacemos con el mismo cuidado con el que elegimos nuestra propia ropa.